Archivo para 21 octubre, 2011
Historia de un niño
Ésta es la historia de un niño normal y corriente. Un niño que se levantaba cada mañana para ir al colegio, para aprender nuevas cosas y sacarse el curso con buenas notas, que realizaba actividades extraescolares que ni le disgustaban ni le atraían del todo, que hacía los deberes y estudiaba y hacía todo lo que se le pedía. Un buen niño. También era un niño que soñaba con algún día hacer las cosas diferentes, con otros mundos diferentes al nuestro, con otro lugar dónde la gente vivía tranquilamente y hacía lo que quería, respetándose mutuamente y en harmonía. Eso le parecía el paraíso y no lo que enseñaban en religión y aunque le doliera despertarse cada día debía hacerlo porque esos mundo no eran más que lo mismo que todos los sueños; sueños. Ésta es la historia de una vida normal y corriente. Pero ésta también es la historia del niño que un día decidió levantarse un día y no ir al colegio, dejarse llevar por sus emociones e ir al lugar más recóndito al que pudiera llegar. Una vez ahí dejarse llevar y hacer lo que más quería realmente. Subió a un barco y fue a la deriva. Navegó en un mundo lleno de gente monótona, como él, y gente con preocupaciones, con estrés y con prisas, gente como él. Pero él ahora era libre y no le preocupaba nada de lo que debía hacer o los otros pensaran que debía hacer. Los deberes y obligaciones tienen que ser impuestos por uno mismo para que puedan ser cumplidas y para él, en ese preciso instante, no tenía ninguna obligación ni deber. Observó el mundo y le pareció una tormenta, un huracán, un desastre. Él navegaba tranquilamente en su barca en una mar calmada, con los peces y los delfines, cual pirata en la busca de un tesoro. Y después de navegar todo el día finalmente él encontró su tesoro. Encontró su verdadera pasión que no era ni el fútbol que realizaba los miércoles a la tarde ni el piano que estudiaba los viernes, era la escritura. Al volver a casa ignoró sus padres, se fue directo a su habitación, sacó un papel y un lápiz y empezó a escribir. A dibujar todos esos sentimientos que había sentido durante el día. Necesitaba la necesidad de expresar lo que sentía y compartirlo con el mundo. Quería que todo el mundo conociera la misma verdad que él sólo sabía y que todos vivieran felizmente junto con él. Un mundo dónde todo el mundo vivía en harmonía. Un mar lleno de piratas surcando los mares en busca de sus tesoros, mares sin tormentas ni huracanes, mares con mareas y oles que arrastran belleza en todo su esplendor. Un mundo como el de sus sueños. Escribió hasta que no le quedaron más ideas que expresar y decidió que al día siguiente, al levantarse, se dejaría llevar otra vez, pero a otro sitio diferente. A otro mundo totalmente diferente, al océano quizás. Esa noche no soñó con un mundo diferente, soñó con que algún día llegaría a ser escritor. Ésta no es una historia feliz. No es una historia de sueños cumplidos. Es una historia de un niño que luchó por sus ideales y se dejó guiar por su corazón y logró todo lo que quería. Ésta es una historia con una moraleja: “Sigue tu corazón pues nada es imposible hasta que no has puesto todas tus ganas”.
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