Vive lentamente
26 septiembre, 2011 at 20:13 Deja un comentario
- ¿Por qué tienes tanta prisa?
- Tengo un sitio al que ir.
- ¿Y qué ganas llegando antes?
- Tiempo.
- ¿Y para qué quieres ese tiempo?
- Para hacer algo que me guste.
- ¿Acaso no te gusta caminar?
- Sí, pero prefiero otras actividades antes que caminar.
- Pero, ¿no sería mejor disfrutar también de este camino mientras te diriges a tu destino y luego también de la otra actividad así el disfrute es doble?
- No, pues la susodicha actividad me proporciona un placer muy superior al de caminar.
- Entiendo. ¿Y cuándo has acabado la actividad en cuestión a qué dedicas tu tiempo? ¿O nunca acaba?
- Bueno, entonces hago otra actividad que disfruto.
- ¿Y cuándo se acaba ésta?
- Otra.
- ¿Cómo caminar?
- No, tengo muchas actividades más interesantes que caminar. De hecho, de las actividades que me gustan, caminar está de las que menos es de mi agrado.
- Pero, cuando haya realizado ya todas las actividades que le gustan antes de caminar y aún tenga más tiempo, pues tiempo es lo único que tenemos, entonces ¿qué hará?
- Pues, como muy bien usted ha dicho, caminar.
- Entonces, ¿por qué no disfruta de este camino?
- Pues ya se lo he explicado, porque tengo cosas más interesantes que hacer.
- No, justamente me acaba de demostrar que no tiene nada mejor que hacer.
- No le entiendo. Explíquese, por favor.
- Es bien sencillo. Nuestra vida no es más que tiempo. Es decir, podemos tener una u otra concepción de la vida, hay millones, pero todos esos modelos de vida concurren en un punto o, mejor dicho, no pueden denegar un punto y es que vivimos a lo largo de un tiempo. Un tiempo finito o infinito, pero tiempo al fin y al cabo. Supongamos el peor de los casos que resulta ser la vida normal, la vida mundana, la vida sin más, su vida. Usted considera que la vida dura alrededor de 90 años, quizás algo más, quizás algo menos. 90 años es una barbaridad, se lo mire como se lo mire, puede contar los días que son, las horas y si quiere los minutos. Son muchísimos. Demasiados para ser pensados en un intento así de golpe. Imagínese ahora la de acciones que puede llevar a cabo en estos minutos, son casi infinitas, ¿verdad? Evidentemente no podrá hacer todas las cosas que hay en el mundo porque tendrá que escoger qué hacer, pero podrá realizar todo lo que quiera hacer cuantas veces quiera y cuando quiera. Dicho de otro modo, se cansará de hacer las cosas que más le gustan, las que menos le gustan, se cansará de todo, pero ¿sabe qué? No será porque las habrá hecho demasiadas veces, no, sino será porque las habrá hecho con prisas, por querer hacer otra cosa, por ansias de hacer todo. Y cuando finalmente haya hecho todo, que tampoco será todo, no sabrá qué hacer y se aburrirá. Y entonces yo le preguntaré: “¿De qué le han servido las prisas, amigo?” Y espero que usted se percate de que no le habrán servido de nada pues aún le queda mucho tiempo y pocas cosas a hacer. Así que yo ahora le propongo una cosa, antes de que caiga en la equivocación y viva con prisas, viva lentamente, disfrute de cada momento, disfrute de este camino, mire a su alrededor, conozca su ciudad, admire la belleza de los edificios, de la naturaleza, de los animales y adórelo. Pásese el tiempo que quiera observando todo pues cada momento es único y nunca se repetirá así que a lo mejor se pierde algo irrepetible. Viva lentamente y no tenga prisas, las prisas no suponen ningún bien, sólo crean malestar y nos hacen equivocarnos. Viva lentamente y disfrute lentamente de la vida pues tiempo es lo único que tenemos y tenemos todo el que queramos, así que utilícelo bien y al máximo. Vive lentamente para no aburrirte o, mejor dicho, vive lentamente para disfrutar de cada momento o, simplemente, porque no tiene nada mejor que hacer. Pero recuerde: vive lentamente.
Entrada archivada en:Sobre Mi. Etiquetas:.
Trackback este articulo | Suscríbete a los comentarios vía RSS Feed