Defendiendo los valores
20 septiembre, 2011 at 20:21 Deja un comentario
Una de las cosas que menos soporto de la sociedad actual es la nombrada tercera edad y su supremacía en todos los campos respecto al resto del mundo. No estoy diciendo que no debamos respetar a las personas mayores ni denegarles nuestra ayuda en las situaciones dónde vayan más necesitados. Ni tampoco estoy diciendo que todos sean igual, simplemente me refiero a una gran mayoría con las que trato casi a diario. Pero la cosa es que hacen lo que les apetece cuando les apetece.
¿O nunca han visto a un viejo colándose en una cola del supermercado? ¿O haciéndose el tonto para pagar menor? ¿O sentándose en un sitio de un transporte público porque se encuentra muy mal? O muchas cosas más. Y si estas simples cosas ya me fastidian bastante porque las considero inmorales (una cosa es pedir ayuda y otra muy distinta exigirla), lo que me revienta más de todo es el rastro de soberbia que dejan tras éstas. Y es que te hablan cómo si fueran un ser superior al que no le puedes cuestionar nada y debes servir de forma incondicional y simplemente porque son mayores. Quizás lo peor de todo es que socialmente está visto así y finalmente se lo han acabado por creer. Pero yo estoy harto. Harto de sus miraditas, harto de sus comentarios en voz baja y harto de sus exigencias. Porque yo siempre he tratado ser políticamente correcto con todo el mundo y tratar a las personas mayores con su debido respeto y ayudarlas en una justa medida. ¿Y qué me he encontrado a cambio? Ningún gracias, más exigencias y que continúan haciendo lo que quieren. Y esto no puede seguir así.
Debemos hacer ver a las personas de la tercera edad que son personas igual de respetables que nosotros y que el respeto que les mostramos nosotros también debe ser correspondido por ellos, que el hecho de ser jóvenes no nos desvincula de una dignidad que tienen todas las personas. También debemos hacerles ver que nuestra ayuda es un acto totalmente voluntario y que si no nos apetece llevarles un peso pesado pues que no tenemos ninguna obligación para hacerlo, que todos tenemos nuestros motivos, y que no pueden mostrar una falta de respeto por no decidir servir nuestra ayuda. Y, sobretodo, que no pueden hacer lo que les apetece, que son personas como cualquier otra, y si yo estoy esperando mi turno ellos no pueden pasar delante. Tenemos que enseñarles que si una cosa no sucede como ellos desearían pues hacen como todo el mundo: ajo y agua.
Tampoco quiero dar a entender que la tercera edad son la escoria de esta sociedad, pero su comportamiento no lo veo nada digno de admirar, mas lo contrario. Y paradójicamente ellos se quejan de la mala educación de los jóvenes actuales. Tomando el ejemplo que hay tampoco es que me extrañe mucho. Aunque ya se sabe: vivimos en un mundo de locos.
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