Archivo para septiembre, 2011

Vive lentamente

- ¿Por qué tienes tanta prisa?

- Tengo un sitio al que ir.

- ¿Y qué ganas llegando antes?

- Tiempo.

- ¿Y para qué quieres ese tiempo?

- Para hacer algo que me guste.

- ¿Acaso no te gusta caminar?

- Sí, pero prefiero otras actividades antes que caminar.

- Pero, ¿no sería mejor disfrutar también de este camino mientras te diriges a tu destino y luego también de la otra actividad así el disfrute es doble?

- No, pues la susodicha actividad me proporciona un placer muy superior al de caminar.

- Entiendo. ¿Y cuándo has acabado la actividad en cuestión a qué dedicas tu tiempo? ¿O nunca acaba?

- Bueno, entonces hago otra actividad que disfruto.

- ¿Y cuándo se acaba ésta?

- Otra.

- ¿Cómo caminar?

- No, tengo muchas actividades más interesantes que caminar. De hecho, de las actividades que me gustan, caminar está de las que menos es de mi agrado.

- Pero, cuando haya realizado ya todas las actividades que le gustan antes de caminar y aún tenga más tiempo, pues tiempo es lo único que tenemos, entonces ¿qué hará?

- Pues, como muy bien usted ha dicho, caminar.

- Entonces, ¿por qué no disfruta de este camino?

- Pues ya se lo he explicado, porque tengo cosas más interesantes que hacer.

- No, justamente me acaba de demostrar que no tiene nada mejor que hacer.

- No le entiendo. Explíquese, por favor.

- Es bien sencillo. Nuestra vida no es más que tiempo. Es decir, podemos tener una u otra concepción de la vida, hay millones, pero todos esos modelos de vida concurren en un punto o, mejor dicho, no pueden denegar un punto y es que vivimos a lo largo de un tiempo. Un tiempo finito o infinito, pero tiempo al fin y al cabo. Supongamos el peor de los casos que resulta ser la vida normal, la vida mundana, la vida sin más, su vida. Usted considera que la vida dura alrededor de 90 años, quizás algo más, quizás algo menos. 90 años es una barbaridad, se lo mire como se lo mire, puede contar los días que son, las horas y si quiere los minutos. Son muchísimos. Demasiados para ser pensados en un intento así de golpe. Imagínese ahora la de acciones que puede llevar a cabo en estos minutos, son casi infinitas, ¿verdad? Evidentemente no podrá hacer todas las cosas que hay en el mundo porque tendrá que escoger qué hacer, pero podrá realizar todo lo que quiera hacer cuantas veces quiera y cuando quiera. Dicho de otro modo, se cansará de hacer las cosas que más le gustan, las que menos le gustan, se cansará de todo, pero ¿sabe qué? No será porque las habrá hecho demasiadas veces, no, sino será porque las habrá hecho con prisas, por querer hacer otra cosa, por ansias de hacer todo. Y cuando finalmente haya hecho todo, que tampoco será todo, no sabrá qué hacer y se aburrirá. Y entonces yo le preguntaré: “¿De qué le han servido las prisas, amigo?” Y espero que usted se percate de que no le habrán servido de nada pues aún le queda mucho tiempo y pocas cosas a hacer. Así que yo ahora le propongo una cosa, antes de que caiga en la equivocación y viva con prisas, viva lentamente, disfrute de cada momento, disfrute de este camino, mire a su alrededor, conozca su ciudad, admire la belleza de los edificios, de la naturaleza, de los animales y adórelo. Pásese el tiempo que quiera observando todo pues cada momento es único y nunca se repetirá así que a lo mejor se pierde algo irrepetible. Viva lentamente y no tenga prisas, las prisas no suponen ningún bien, sólo crean malestar y nos hacen equivocarnos. Viva lentamente y disfrute lentamente de la vida pues tiempo es lo único que tenemos y tenemos todo el que queramos, así que utilícelo bien y al máximo. Vive lentamente para no aburrirte o, mejor dicho, vive lentamente para disfrutar de cada momento o, simplemente, porque no tiene nada mejor que hacer. Pero recuerde: vive lentamente.

26 septiembre, 2011 at 20:13 Deja un comentario

Carpe Diem

Enfermo. Estoy enfermo. Y el estar enfermo no hace más que reafirmarme mis ganas de vivir la vida y no desperdiciar ni un momento. Porque hasta que no has estado mal, no sabes que es estar bien (y viceversa). Y en estos momentos de malestar general, de falta de fuerzas, de solitud y aburrimiento, no tengo más ganas que bailar, gritar, chillar, saltar, correr, estar con mis amigos, disfrutar de casa momento y, en general, de vivir la vida. Porque ahora estando enfermo, soy incapaz de entender como una persona puede desaprovechar su bienestar, su plenitud vital. No me da rabia, sino pena. Pena porque aún no saben que signifca estar bien. Evidentemente que habrán estado enfermos, pero los malos momentos se olvidan antes que los buenos, sino ¿cómo somos capaces de volver a cometer el mismo error? Así que mi consejo, desde un estado febril, es que disfrutéis la vida y no desperdiciéis nada de ello, ni la última milésima de un segundo cualquiera. Carpe diem.

25 septiembre, 2011 at 10:47 Deja un comentario

Defendiendo los valores

Una de las cosas que menos soporto de la sociedad actual es la nombrada tercera edad y su supremacía en todos los campos respecto al resto del mundo. No estoy diciendo que no debamos respetar a las personas mayores ni denegarles nuestra ayuda en las situaciones dónde vayan más necesitados. Ni tampoco estoy diciendo que todos sean igual, simplemente me refiero a una gran mayoría con las que trato casi a diario. Pero la cosa es que hacen lo que les apetece cuando les apetece.

¿O nunca han visto a un viejo colándose en una cola del supermercado? ¿O haciéndose el tonto para pagar menor? ¿O sentándose en un sitio de un transporte público porque se encuentra muy mal? O muchas cosas más. Y si estas simples cosas ya me fastidian bastante porque las considero inmorales (una cosa es pedir ayuda y otra muy distinta exigirla), lo que me revienta más de todo es el rastro de soberbia que dejan tras éstas. Y es que te hablan cómo si fueran un ser superior al que no le puedes cuestionar nada y debes servir de forma incondicional y simplemente porque son mayores. Quizás lo peor de todo es que socialmente está visto así y finalmente se lo han acabado por creer. Pero yo estoy harto. Harto de sus miraditas, harto de sus comentarios en voz baja y harto de sus exigencias. Porque yo siempre he tratado ser políticamente correcto con todo el mundo y tratar a las personas mayores con su debido respeto y ayudarlas en una justa medida. ¿Y qué me he encontrado a cambio? Ningún gracias, más exigencias y que continúan haciendo lo que quieren. Y esto no puede seguir así.

Debemos hacer ver a las personas de la tercera edad que son personas igual de respetables que nosotros y que el respeto que les mostramos nosotros también debe ser correspondido por ellos, que el hecho de ser jóvenes no nos desvincula de una dignidad que tienen todas las personas. También debemos hacerles ver que nuestra ayuda es un acto totalmente voluntario y que si no nos apetece llevarles un peso pesado pues que no tenemos ninguna obligación para hacerlo, que todos tenemos nuestros motivos, y que no pueden mostrar una falta de respeto por no decidir servir nuestra ayuda. Y, sobretodo, que no pueden hacer lo que les apetece, que son personas como cualquier otra, y si yo estoy esperando mi turno ellos no pueden pasar delante. Tenemos que enseñarles que si una cosa no sucede como ellos desearían pues hacen como todo el mundo: ajo y agua.

Tampoco quiero dar a entender que la tercera edad son la escoria de esta sociedad, pero su comportamiento no lo veo nada digno de admirar, mas lo contrario. Y paradójicamente ellos se quejan de la mala educación de los jóvenes actuales. Tomando el ejemplo que hay tampoco es que me extrañe mucho. Aunque ya se sabe: vivimos en un mundo de locos.

20 septiembre, 2011 at 20:21 Deja un comentario


 

septiembre 2011
L M X J V S D
« may   oct »
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

Twitter

Visitas

  • 50,027 visitas

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.